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lunes, 10 de agosto de 2009

Tachangou

"Necesito vacaciones en la playa después de esta semana..."

Fue la frase que más repetí a en mi corta estadía en BA. Es que realmente no paré un minuto. Estuve a mil casi todos los días viendo amigos y amigas, familiares, gente a la que extrañaba y que me extrañaba.

Perdón a los que no pude ver y a los que ni les avisé, porque realmente mi estadía fue muy corta. La excusa era aparecer de sorpresa en el cumpleaños de 60 de mamá, como se ve en el video más abajo (ver SORPRESA!!). Por suerte el plan detalladamente calculado con mis hermanas y mi cuñado salió a la perfección.

Y a mi me sirvió para recargar pilas y salir otra vez a la ruta a continuar mi aventura...

Pero por suerte, sí tuve mi semana de descanso en la playa.

Y excelentemente acompañado por Vero, Juan y Mateín. Recorrimos las playas de Cumaná, el Parque Nacional Mochima, comimos arepas y estuvimos un par de dias en Caracas antes de que ellos volvieran al frío porteño.




Yo, por mi parte, encaro para Colombia. Espero poder escapar de este bendito país. Es que "Venezuela te jala..."

Antes de partir, me conseguí una nueva compañerita de viaje, bien chiquitica, como me gustan a mi... Para no estar tan solo, aproveché el día del niño y me hice un autoregalo:

¿Volver?

Si bien el viaje es fantástico en mil aspectos, hay momentos puntuales que son los primeros que me vienen a la memoria cuando empiezo a hacer un recuento. Suelo hacer listas de las cosas que más me gustan, pero siempre me cuesta poner un orden. Ya sean películas, bandas, libros... o en este caso, los lugares del viaje.

Por eso prefiero recordar que cada momento, lugar, situación o anécdota tuvo lo suyo, algo en particular que la hizo especial. Sin embargo, dentro de éstas hay muy pocas, las más especiales, que me generaron una sonrisa plena, auténtica e indisimulable.
Una la comenté allá por febrero, en Tilcara, al son de Divididos; otra fue la llegada con Martu a Machu Picchu, escuchando Karma Police. También me acuerdo de cómo me reía al entrar a la Guyana Francesa, casi sin entender dónde estaba; o cuando por fin llegué a la playa, en la isla de Coche; o haciendo la plancha en el mar turquesa de Curaçao...

Pero la última fue demasiado especial. Ni yo podía creer la sonrisa y la piel de gallina que me surgieron el miércoles 22 de julio cuando el avión empezó a bajar y al pasar las nubes apareció ante mi una alfombra de luces amarillas titilantes... Me costó ubicarme, pero después de unos minutos encontré la autopista, la inclonfundible forma de la General Paz y unos edificios altos que me confirmaban que estaba aterrizando en Buenos Aires. Suena a lugar común, pero no pude evitar (aunque ya debía apagar cualquier aparato electrónico) poner a Gardel en el iPod. Y sí, es que era el "parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno...". Aunque fuera por una semana, nomás.

Vero quería encontrar a toda costa el tema para cerrar este blog, pero nada me convencía. Es que realmente, cada vez que puse una parte de una canción fue porque lo sentía, porque tenía algo que ver con el lugar, el momento, la gente, un mensaje especial para alguien... Pero siempre surgió naturalmente, nunca fue algo forzado.
Así me di cuenta que no había ninguna canción en particular, sino que simplemente amo esta "puta ciudad" como dice Fito (perdón, Rodolfo, je), su gente, sus calles. Y creo que Joaquín se equivoca feo cuando dice que "al lugar donde fuiste feliz no debieras tratar de volver..."

Por todo esto, como cantó Marcelo en el cumpleaños de madre, "te declaro Buenos Aires mi ciudad"

sábado, 8 de agosto de 2009

SORPRESA...!!!!!

Detalles a tener en cuenta: los 5 segundos que tarda papá en caer (se agarra la cabeza) y la excusa de Vero para retenerlos en la cocina...

En la próxima entrega: mi alocada semana en Baires...

miércoles, 18 de febrero de 2009

Iruya y San Isidro, un camino aparte

cLa visita a Iruya empieza desde el camino hacia el pueblo. Es difícil de explicar para el que no lo hizo, para los que estamos acostumbrados a las autopistas, rutas, caminos de tierra. Es que el camino a Iruya no es nada de eso. Es una travesía off-road en un micro con doble tracción que atraviesa ríos y arroyos, pero también corre por ellos, casi como un vehículo anfibio. Va por la cornisa, dobla pegado a las montañas… Una experiencia en sí misma. Y hacerlo de noche y con lluvia, puede llevar a cualquiera a un ataque de pánico.
Por suerte, a mi me tocó viajar con “La banda de Nueva Tilcara” con la que interpretamos todos los clásicos del grupo. Gastón en la guitarra y voz, Mariano en los vientos y yo aportando la cuota de fantasía, junto con un grupo de chicas haciendo los coros, hicimos la travesía un poco más llevadera.

El pueblo, literalmente colgado de la montaña, tiene esa magia de los lugares que no te dejan ir. La vista de los cerros, los cóndores pasando, las callecitas en subida y bajada… Y ni que hablar de la onda de la gente que conocí ahí. En el hospedaje de Clarisa y con la lluvia que no paraba, se armó el mate con torta fritas y una charla interminable con la gente de Rosario, Las Parejas, V. Crespo, etc.


San Isidro merecería un blog aparte. Si todo un párrafo me llevó explicar el camino a Iruya, lo del pueblito este es mucho más fácil: no hay camino. Se llega solo a pie (o a lomo de burro) por el lecho del río y escalando montañas. La caminata de casi 3hs tiene vistas impagables, y cuando por fin se ve el pueblo, una grata sensación recorre el cuerpo…
Un pueblito sin luz ni gas (aunque está el tendido eléctrico recién en mayo instalarán la energía eléctrica) más colgado de la montaña que Iruya. La lluvia nos imposibilitó ver el cielo estrellado, así que fue cena de empanadas y a dormir temprano. Dato curioso: una heladera de las de quiosko adornaba el comedor. Como llegó hasta acá? "La trajeron 8 hombres...y 6 para el freezer". Increíble.
La vuelta costó un poco más por la crecida del rio, pero sin mayor novedad que la rotura de mi pantalón.

Jujuy y la Quebrada

Purmamarca es uno de esos "pueblitos de cuento". No voy a decir que es lo que más me gustó, porque si no lo voy a decir en cada lugar en el que esté, pero... Una plaza central con mercaderes y artesanos todo al rededor y el famoso Cerro de los Siete Colores que se viene encima. Callecitas de tierra, casas de adobe y un aura especial.
Nos encontramos con gente que habiamos conocido en Tafí y desde ahi seguimos juntos gran parte del viaje. Un hermoso grupo formado por Javi (el chofer de la Peugeot), Gastón (mas conocido como "el viejo truco" o Tranqui Tronqui), Mariano (el flautista), Mariela y Marina, más el Sapo, Nacho y yo.




Hicimos el Camino del Colorado y las Salinas Grandes. Un viaje que sube hasta las nubes y vuelve a bajar para llegar al blanco mar de sal.










En Tilcara fundamos nuestra propia ciudad, con instalación eléctrica y todo... A la noche, karaoke y pachanga, en el boliche y en la calle también. El Pucará, una experiencia aparte. Una ciudad/fuerte que usaban los indigenas para ver a sus enemigos desde lejos, por la gran vista del valle que tiene. A cualquiera que esté por estas latitudes le recomiendo sentarse en la punta del cerro, donde solo se ven montañas y cielo, escuchando Guanuqueando, de Ricardo Vilca. La sonrisa más grande que tuve alguna vez...
Aunque Humahuaca nos recibió con una pedreada, es un lindo pueblo para visitar. Lo destacable a nivel personal, la peña en la casa de R.V. En la plaza del pueblo, nos sacamos la última foto del grupo completo. De ahi en más, otro viaje...

sábado, 7 de febrero de 2009

Starry night




El jueves fuimos de excursión a la Quebrada de las conchas, en las afueras de Cafayate. La idea era tomar el micro a Salta capital cuando termináramos de recorrer los distintos puntos de interés. Pero surgió otra idea que gustó en el grupo: hacer noche en la quebrada misma, con el cielo como único techo...
Convencimos a otro grupo de chicos (que habíamos conocido en Tafí), así que nos mandamos todos a la experiencia. Cuando la combi de la excursión se iba de regreso a Cafayate la gente nos dejó sus botellas de agua mineral, hielo y hasta algo de fiambre! Así que nos juntamos todos en el "Anfiteatro", un lugar reparado del viento y los posibles animales; juntamos ramas, pusimos el hielo en los termos y ya estábamos listos para la aventura.

Es dificil explicar las sensaciones vividas. Eramos 10 cuasi desconocidos compartiendo el agua, los víveres, el fuego... se parecía más a Lost que a unas vacaciones en el norte.
Cocinamos, cenamos, guitarreamos. Disfrutamos del cielo, la luna, las estrellas, el silencio y todo lo que una noche cerca de la naturaleza te puede dar.

El desayuno con mate y dulce de cayote fue el cierre de una experiencia inolvidable.