Estoy en Potosí y por esas cosas de la vida (y los feriados) estaré más días de lo pensado. Pero no me viene nada mal, es una ciudad hermosa realmente, que me encantó desde la primera mañana que la vi y que no para de sorprenderme a cada minuto.
Llegar a Potosí es como llegar a New York...(¿?) Dejenmé explicarles: cuando entré a Manhattan, hace poco más de un año, lo primero que reconocí fue el Chrysler Building y el Empire State, gracias a sus siluetas dibujadas por las luces. Aquí, el Cerro Rico está también iluminado y su silueta perfectamente cónica se define en la noche potosina.

Primer dia, paseo por la hermosa parte colonial, muy al estilo español, con balconcitos, callecitas, iglesias, campanarios, etc. Después de almorzar, bondi y caminata hasta las lagunas termales de Tarapaya/Miraflores, donde tomé un exquisito baño a 35ºC.
Segundo día: excursión a las minas del Cerro Rico, una experiencia realmente inolvidable, que además contó con un guía de lujo, Jerónimo, un ex-minero. Actualmente vive en Suecia, con su mujer y dos hijos y es profesor de español en una escuela, así que imagínense las cosas que tiene para contar... Toda su familia sigue siendo minera, hay pocos integrantes que, como él, estudiaron y pudieron progresar.
A la mañana, antes de salir, cuando le dije como me llamaba me contó la siguiente historia:
En la época colonial, las mujeres españolas no podían tener hijos en Potosí a causa del frío. No estaban acostumbradas y a los 6, 7 u 8 meses perdían el embarazo o los bebes nacían muertos. Por eso se iban a Sucre a parir. Sin embargo, hubo una señora que no podía viajar. Así que fue a la iglesia de San Francisco a preguntarle que podía hacer. [DATO AL MARGEN: Esta iglesia está sobre la avenida que dividía la ciudad en la parte rica y pobre, porque para los Franciscanos, todos eran iguales. Obviamente, en la parte rica vivían los españoles que sacaban ganancias de la explotación de la plata y sus iglesias tienen la puerta mirando al cerro, para agradecerle lo que les daba. En la parte pobre vivían los indígenas que odiaban al cerro, porque mataba mucha población que allí trabajaba.] Retomando, el cura de la iglesia le dice a la señora que le prenda velas a San Nicolás por su bebé y, como nace sano y vive, lo llama como el santo, para agradecerle. Esta mujer le cuenta a sus amigas lo que había hecho y todas empiezan a hacer lo mismo, dejan de irse a Sucre y todas le agradecen a San Nicolás, llamando a sus hijos así. Según Jerónimo, en 1630 la población de Potosí era de 120.000 habitantes y el 35% se llamaban Nicolás o Nicolasa. Esto se resume en un dicho potosiano, "Si te llamas Nicolás, vivirás".
Con los ojos llorosos y la piel de gallina me subí a la combi rumbo al Cerro Rico, con dos chicas y un chico argentinos que ya me había cruzado en Uyuni y Oruro. Como ya dije, la excursión es inolvidable. Ver a los mineros, ver las condiciones de trabajo, conocer sus historias, escucharlos hablar de sus familias, el salario, la vida en la mina...todo es impresionante. Es difícil resumir esas dos horas dentro de los túneles, aprendiendo la historia, los mitos, etc. Creo que no nos faltó nada: mascamos coca, fumamos los cigarrillos de los mineros, le ofrendamos al Tío (el diablo, que es el Dios dentro de la mina) y tomamos alcohol puro (sí, etílico 96%). Esto es para que el Tío devuelva mineral puro, que es lo que les da de comer...

Párrafo aparte, la explosión de una dinamita propia (10 bolivianos el combo con detonador y mecha). La preparación, el encendido (previo grito de "Tirooo!!" para prevenir), 2:30 minutos para correr y... ¡¡¡BUUUUMMMM!!! Después de eso, hay que gritar "¡¡¡Viva Boliviaaaa!!!" y uno puede irse tranquilo.
Fue una experiencia alucinante que resulta dificil poner en palabras (creo que esto ya lo repetí mucho en otras entradas del blog, pero bueno...es así).
Cuando salimos, llovía, nadie se habia percatado de eso. Y claro, dentro de la mina no hay clima, ni horas, ni familia, ni luz, ni nada...
Voy que voy que voy... Potosí que voy... Y ahora sí que voy...
En las horas libres que tuvimos antes de la cena, casi nos hundimos en el salar. Caminamos, nos sentamos y difrutamos de un hermoso atardecer, casi como en Las Flores, pero sin hamaca paraguaya y sin la abuela que dijera "Chau sol, hasta mañana sol". Y como si se hubiera enojado el sol por no despedirlo, apenas se fue, se largó la lluvia. Así que al hotel, sin luz, y a esperar la cena cantando mirando el granizo.
La cena, tempranita, fue un capítulo aparte. Parecía una noche casi perdida y aburrida, hasta que apareció Joaquín, un alemán que vive en Córdoba, más Ian (suizo) y Lars (otro alemán). Y ahí se armó la fiesta, guitarreada, vino, cerveza caliente, pool... Cantamos en alemán, ellos cantaron en castellano, bailamos al ritmo de Rodrigo, y no paramos hasta las...3 am. Es que habíamos empezado a las 8 de la noche!!! Todo con la lluvia de fondo y a la luz de una vela...
Cuando bajamos, almorzamos, y volvimos a Uyuni. Hicimos tiempo durante la tarde lluviosa y a medianoche nos tomamos el tren a Oruro. Ahí me despedí de la banda y pasé la tarde en lo que los bolivianos llaman el Carnaval más grande del mundo.
Igualmente, es raro... A ver cómo explico esto: los trajes son increíbles, los bailes, la música y todo es genial, pero no se puede disfrutar realmente el carnaval como turista. Uno está todo el tiempo cuidándose de que no lo mojen o lo ensucien con espuma, de que no le roben la mochila o la cámara... O sea, para disfrutar realmente, hay que vivirlo. Ir 2 dias, tener todo en el hostel y salir a vivir el carnaval de verdad, como uno más. Igualmente, saqué fotos, paseé y viví un día distinto.








